Relación con Dios

  Mi pueblo fue destruido por falta de conocimiento (Oseas 4:6a). La falta de conocimiento viene por falta de relación con Dios.

Oseas 2:19-20 “Y te desposaré conmigo para siempre; te desposaré conmigo en justicia, juicio, benignidad y misericordia.20 Y te desposaré conmigo en fidelidad, y conocerás a Jehová.”  Dios desea una relación íntima con cada uno de nosotros. Él tiene interés en relacionarse, en darse a conocer y que le conozcamos bien como hemos hablado en otras ocasiones.

Dios desea que se le conozca para no caer en idolatría (que nadie se fabrique un dios a su medida o conveniencia) y le amemos cómo es, que le adoremos en espíritu y en verdad (para esto hay que conocerlo).

¿Tenemos una relación íntima con Dios? Algunos se preguntarán cómo, si no escucho Su voz, si bien la Biblia nos llama a ejercitar nuestros sentidos espirituales, los mecanismos que tenemos siguen siendo los mismos que en otras ocasiones hemos señalado, pero que seguiremos insistiendo.

Con la oración nosotros hablamos con Dios, abriéndole nuestro corazón, adorándole, pidiéndole perdón, pidiéndole dirección, exponiéndole nuestros deseos y anhelos y sometiéndonos a Su voluntad.

En la lectura de la Palabra, Dios nos habla a nosotros revelándose a través de ella, e indicándonos quien es, qué le gusta y agrada, qué le complace, así como aquello que aborrece, para que le conozcamos y aprendamos a conducirnos correctamente bajo Sus preceptos.

Conocerlo es amarlo para aquellos que están llamados a ser Sus hijos, y a través de Su palabra llegamos a ese conocimiento. Tenemos que amar Su palabra, es como aquella persona que se recrea releyendo las cartas (mail, SMS o WhatsApp para los más modernos) de su amado/a, y las atesora y se goza en ellas recordándolo/a hasta su vuelta o reencuentro.

La comunicación debe ser bidireccional para constituir verdadera comunicación. Si únicamente oramos y no acudimos a la Palabra, o si leemos la Palabra, pero no acudimos a la oración, la comunicación no es posible, se queda coja. Hagamos uso de ambas para poder hablar con Dios a través de la oración, y escuchar Su voz en la Palabra.

          Es responsabilidad de cada uno, hacer lo que nos toca, para que la imagen de Dios se forme en nosotros. Tan importante es, que ante el primer conflicto y cuando la iglesia empezó a crecer, los apóstoles designaron lo que podíamos llamar diáconos, para que ellos no abandonaran el ejercicio de la oración y la Palabra (Hechos 6:1-4)

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